Tercer Concurso Literotronero: Anécdota ganadora y finalistas
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Bueno, chiquiprecios, tras una largo proceso de deliberación conmigo misma que me ha llevado cinco minutos más o menos, ya tenemos la anécdota ganadora del Tercer Concurso Literotronero, así como unas cuantas finalistas que por distintas razones también hubieran tenido opciones. A decir verdad, se podría considerar que hay más de una y de dos vencedoras morales, pero, a efectos prácticos, la cuestión es que sólo una podía llevarse el premio. A las puertas de los Oscars, ¿qué les voy a contar?

Antes que nada, tengo que daros las gracias de forma especial a todos lo que habéis participado, incluso en algunos casos fuera de concurso, sobre todo porque la respuesta final ha sumado un porcentaje realmente bajo comparándolo con el que podría haber sido. Y esta vez no había excusas posibles por no sabérsela o haber llegado tarde. Eso sí, el nivel de la competición ha sido alto, lo que ha convertido la elección en algo no sólo muy divertido, sino también en algo bastante reñido, más allá de lo complicado que resulta intentar valorar objetivamente, desde la inevitable subjetividad, cuál es la mejor anécdota cuando entran tantos factores en juego. Y es que había historias muy buenas y originales a las que quizás se les podría haber sacado algo más partido a la hora de explicarlas, historias buenas bien contadas y, en el otro extremo, historias que en sí mismas no eran nada extraordinario pero que tenían mucha gracia y creatividad tal y como estaban narradas. Finalmente, he valorado ambos componentes y, sobre todo, ha pesado bastante el impacto que me causó leerlas. Llámalo impacto, llámalo risa. Ni que decir tiene que me he reído mucho con todas, hasta con las que no han entrado en la clasificación final. Otro dato curioso es que había un buen número de anécdotas que coincidían alrededor de determinados temas: espectadores despistados, que se quedaban dormidos o con una más que discutible salud mental.

Sin más preámbulos, pues, la anécdota ganadora y algunas de las finalistas más finalistas. Enhorabuena al vencedor y al resto de concursantes, y gracias también a las que no han llegado a entrar en esta última selección, que no son pocas, por cuestiones de espacio, puesto que, aunque no eran malas, sí se veían superadas por otras.

Anécdota ganadora a falta de título llamémosla “Que vienen los dinosaurios”, por Rob Gordon

En un cine he visto de todo… desde gente que mea en la bolsa de golosinas y le hace un nudito y lo deja en la sala, pareciendo aquello una de esas bolsas con agua que te dan cuando compras peces, pero cambiando a los peces por golosinas, hasta un abuelo que se quedó frito (más muerto que Sadam) en una sala… y un acomodador intentado despertarle diciéndole que ya se había acabado la película… pasando por un adulto cuatro ojos, que salió de las sala para avisar, con voz temblorosa y tímida, de que la proyección de “La Amenaza Fantasma” estaba desefoncada, a lo que el proyeccionista, que andaba por allí en aquel preciso momento, respondió “¡¿Y tú cómo coño vas a saber si está enfoncada o no con esas gafas?!”
[…] La otra ocurrió viendo “Parque Jurásico” en uno de los viejos cines del centro de mi ciudad. Mi padre era el proyeccionista y yo vi la peli como tropecientas veces, y en una de ellas se dio un espectáculo inesperado.
La sala de 500 localidades estaba llena, la peli era una sensación y hacía poco que se había estrenado. A mitad de la película, cuando los Tyranosaurios se escapan de sus jaulas y persiguen a Jeff Goldblum, la atención de todos los presentes en aquel pase se desvió hacia el propio patio de butacas, en el que un hombre se puso en pie y empezó a gritar: “¡¡LOS DINOSAURIOS… VIENEN, LOS DINOSAURIOS VIENEN!!”. Dicho sujeto estaba acompañado por mujer e hijos, y al parecer sufría crisis nerviosas y esquizofrenias… El tipo no sólo gritaba, sino que también subía y bajaba repetidamente las escaleras de la sala, mientras el publico miraba el espectáculo y no hacía el menor caso a las imágenes de la peli de Spielberg. El tipo estaba completamente desencajado, incluso rompió la puerta que daba a la cabina de proyección después de golpearse varias veces contra ella (todo esto sin parar de repetir la citada frase). La mujer intentaba pararlo y los hijos lloraban. Hubo un momento en que varios espectadores intentaron placarlo, para detenerlo y que se tranquilizase, pero sólo lo consiguieron tras varios intentos.
La imagen era increíble: de fondo la peli de Spielberg con sus fuertes efectos de sonido, el público de pie, un tipo corriendo y chillando “LOS DINOSAURIOS VIENEN”, una mujer corriendo detras de él, dos niños llorando, una puerta rota y varios hombres intentando hacerle un placaje.
Finalmente consiguieron calmarlo, su mujer contó que tenía problemas de nervios, y no acabaron de ver la película.

A continuación os dejo algunas de las finalistas más finalistas, sin orden de preferencia.

Finalista a falta de título llamémosla “El sueño hace el cariño”, por Red Stovall (Por ser “un puto romántico”)

Esta anécdota no es graciosa, pero le guardo cierto cariño. Ocurrió cuando yo trabajaba en un cine de mi ciudad, A Coruña, empleo que desempeñé durante tres años.
Hubo una época, bastante larga, en la que un tío venía siempre a primera hora, entre una y tres veces por semana (a ver la misma película, le daba igual), y siempre, absolutamente siempre se quedaba dormido en todas las funciones, y había que ir a despertarlo para que se fuera. Como yo me animé a despertarlo varias veces, mis compañeros lo tomaron como algo que ya tenía que hacer siempre yo, porque lo cierto es que todas las veces el tema en cuestión era embarazoso: el tío tenía una cara de pena que no se tenía y cuando lo despertaba, tardaba, sin exagerar, unos cinco minutos en reaccionar, hasta que se daba cuenta de dónde estaba, tomaba conciencia de sí mismo y, muy amablemente, ayudado por mí abandonaba la sala.
Todos los putos días que el tío venía, la misma historia se repetía. Era verle acercarse por la calle y ya todos pensábamos “Bueno, a éste tendremos que despertarlo luego”. En realidad eso lo pensaba yo, mis compañeros ya sabían que era yo el que lo iba a despertar. Con el tiempo, le fuimos cogiendo cariño al paisano, y lo de despertarlo se fue conviertiendo en una especie de ritual. El tío ya era como la de la casa, aunque jamás supimos su nombre y ni siquiera pronunciaba palabra, callado, con el rostro muy pero que muy triste, movía la cabeza, me miraba, asentía, se levantaba y se iba muy despacio, como si el andar le costara. Nunca cruzamos un “hola” o un “adios”. Nunca.
La historia tuvo su final, sí. Un día volvió al cine, y no lo hizo solo. Le acompañaba una mujer. Su rostro había tornado de tristeza a felicidad absoluta y completa. Pasaba por mi lado y no decía nada, creo que ni era consciente de que siempre había que despertarle. Tampoco dijo nada, no saludó, ni se despidió, sus palabras ya tenían un destino más importante. A partir de ese día no hubo que despertarle jamás.
Anécdotas graciosas hay un montón, como la vez que cogí una bicicleta y me di un vuelta por la sala en plena proyección, o como me cargué ‘Pulp Fiction’ porque “accidentalmente” se rompieron algunas pequeñas partes del film. Infinidad e infinidad, pero a ésa, como he dicho, le guardo un especial cariño, porque en el fondo soy un puto romántico.

Finalista “Es mucho peor que Alcatraz (Ojo, spoilers)”, por Plissken (Por montarse una novela de intriga con psychokiller incluido)

Imagina: Móstoles, 1989. Un puñado de postadolescentes hacen cola en el único cine multisalas de su ciudad dormitorio, esperando ver lo último de su héroe de acción favorito: ‘Encerrado’, de Sylvester Stallone. La taquilla aún no ha abierto, y son los primeros de la escasa fila. Hablan de sus enormes ganas de ver la película, que podría ser incluso mejor que ‘Rambo’: nada menos que Stallone en la cárcel.
Y no se dan cuenta de que están siendo observados…
Cuando quedan unos diez minutos para que abra la taquilla y entren en la sala, el tipo que está inmediatamente detrás de ellos interviene en la conversación.
- ¿Qué película vais a ver, chavales?
Es un hombre de avanzada edad (viejuno, digamos), bajito, rechoncho, de aspecto muy descuidado, pelo ralo y sucio, gabardina “Colombo” a juego. Sus ojos saltones escrutan nerviosamente a nuestros jóvenes protagonistas.
- ‘Encerrado’… - Contesta inocentemente el más cortés del grupo.
- ¡Ah! ¡Yo también voy a verla! ¡Es buenísima!
El viejuno pasa un brazo por el hombro del chico, que percibe claramente (demasiado claramente) su aliento alcohólico. El chico, intimidado, responde:
- ¿Ya la ha visto?
- ¿Que si la he visto? ¡Cinco veces! ¿Sabéis de qué va?
- ¿De cárceles? ¿Como Alcatraz?
- ¿Alcatraz? - Los ojos saltones amenazan con abandonar sus órbitas - ¡ES MUCHO PEOR QUE ALCATRAZ! Es de un tío que le meten en una prisión que es un INFIERNO por algo que no ha hecho, y…
En ese momento los chavales se percatan de su error. ¡El viejuno les va a destripar la película! ¡Y aún no ha abierto la taquilla!
- ¡Vale, vale, que la vamos a ver!
El sujeto hace caso omiso a las protestas, y agarra fuertemente el brazo del chaval que más cerca le queda. Una fina lluvia de saliva aterriza en la cara del chaval.
- … Y resulta que el alcaide de la cárcel se quiere vengar de él. Y hace que la vida en la prisión sea durísima. Mucho peor que Alcatraz. Y mata a sus amigos…
- ¡¡¡AARGH!!!
En ese preciso momento, la taquilla se abre. Los chavales sacan las entradas en tiempo récord y se dirigen a la puerta. El viejuno se queda sin público, por lo que alza la voz:
- ¡¡¡Pero al final el preso se venga y mata al alcaide!!!
- ¡¡¡AAAAAAAAAAARGH!!!
Todo el grupo se vuelve, con los ojos inyectados en sangre y los puños apretados, hacia el avieso pervertido. Este responde con una mueca torcida y burlona, y masculla:
- La voy a ver otra vez porque estoy pensando en matar a una persona…
“Pelillos a la mar”, piensa al unísono la muchachada, mientras corren a refugiarse en la oscuridad de la sala. No entra mucha gente en la sesión, pero distinguen al aprendiz de psicópata en una de las últimas filas, lejos de ellos. Durante la proyección, se dan cuenta de que ni la película es para tanto, ni la cárcel es demasiado peor que Alcatraz. Diez minutos antes de que termine el film, Leone-Stallone fríe en una silla eléctrica a su archienemigo el alcaide (Donald Sutherland). Se oye una estentórea carcajada al final del pasillo, y no pueden evitar mirar hacia allí. El viejuno se aleja, riéndose aún, de la sala de cine.
Parece que el hombre, por fin, ha terminado de pensárselo…

Finalista “Todo por un sueño”, del Doctor Strangelove (Por su siesta de pijama y orinal y su desvergüenza… entiéndanlo como quieran)

Una calurosa tarde de verano andaba yo buscando cobijo. Por razones que no vienen al caso, llevaba acumulados varios días sin sentir la caricia del colchón. Preso de un sueño atroz y soportando el abrasador sol en la espalda, decidí recluirme en el cine más próximo. Una de esas multisalas con confortables butacas y el aire acondicionado tan fuerte que se te escarchan las cejas en plena tarde estival. No veía mejor lugar donde descansar las posaderas y aprovechar para ver algún interesante estreno.
Por el horario no tenía muchas opciones. Elegí, con cierta conformidad, “Stalingrado”, un drama bélico ambientado en la fría Rusia, que se me antojaba interesante con tal de alejarme de los rayos solares y dejarme embaucar por una historia con helados paisajes. No había más de una docena de espectadores desperdigados por toda la sala y me acomodé en mi butaca centrada en la fila siete. Piernas estiradas, cabeza reposada y dejando que el aire frío me envolviese junto al dolby surround y el sonido THX.
A los pocos minutos de comenzar la proyección notaba como mis pestañas se pegaban como empujadas por alguna fuerza exterior. Luchaba contra el picor de ojos y un aletargamiento progresivo de mi cerebro. Nunca pude entender como había gente que se quedaba dormida durante la proyección de una película en una sala de cine. Había vivido casos así y me regocijaba de como a mí nunca me podría ocurrir. La película avanzaba, unos soldados sufrían en sus carnes el horror de la guerra, pero ni el intenso drama ni los efectos sonoros de las explosiones y las ametralladoras consiguieron mantener mi vigilia. Ya había atravesado la puerta de la inconsciencia. A partir de ahí, todo fue un descenso hacia el sueño más profundo.
Cuando la película concluyó y el empleado de la multisala revisaba entre las butacas cajas de palomitas y otros desechos, me encontró allí agazapado. Tuve que darle lástima, o más bien ganas de sorna, y avisó al resto de compañeros. Me encontraba enroscado al reposabrazos, en una postura algo ridícula. Me despertaron y cuando recuperé la consciencia, me encontré la sala vacía, las luces encendidas y un grupo de empleados riendo a mandíbula batiente. Cuando salí de allí con cierto sonrojo, llevaba marcada en el rostro la marca del reposabrazos y las empleadas del ambigú –también advertidas– me despidieron con sonoras carcajadas.
No me había dormido nunca en una sala de cine. Desde entonces tampoco.

Finalista “¡Chinooooooooooooooooo!”, por Rosenrod (Porque nos encantan los chistes privados erótico-festivos)

[…] Y, enlazando con el tema batallitas del colegio mayor, recuerdo que hubo dos ciclos de películas que tuvieron mucho éxito: uno, de clásicos eróticos (¡y dale, esto parece salido de “Aquellas locas juergas universitarias”!) de los 70, en el fondo cada uno más aburrido que el otro, y otro de clásicos de la ciencia-ficción de los 50 (por cierto, fue una maravilla verlos en pantalla grande). Pues bien, y volviendo al primer ciclo (¿cuál si no?), en realidad el éxito-éxito fue sólo la primera, “Emmanuelle”. Pues bien, apenas la recuerdo (¡a ver quién es el guapo que la sufre más de una vez!), pero sí que había una escena en la que, si no recuerdo mal, un tailandés se ponía a acosar a la Silvia Krystel (escribo el nombre de memoria, que conste) que, creo, terminaba sucumbiendo a sus “encantos”. Pues bien, en ese momento, se oyó en el abarrotado salón de actos (500 localidades, no miento) una voz que gritaba, según el asiático se acercaba: “¡Chino! ¿Dónde vas, chino? ¡Chinooo! ¡Chinoooooooooooo!”, y así. Como suele ocurrir con cualquier tontería, el éxito fue fulminante: ya, cada vez que aparecía alguien con los ojos rasgados, el grito era: “¡Chinooo! ¡Chinoooooo!”. Lo peor es que se mantuvo y, desde entonces, cada vez que en una película que se proyectara, se insinuaba alguna escena subida de tono (a veces, bastaba una mirada para aquellas mentes calenturientas), alguien gritaba: “¡Chinoooooooooo!”, aunque el que ocupara la pantalla fuese más nórdico que Kimi Raikonnen (vuelvo a escribir el nombre de memoria). Y, hablando de nórdico, hubo incluso quien lo gritó en medio de la proyección de “Fresas salvajes”, que hace falta estar desesperado para ponerse así por Bergman… Lo más curioso es que, seis años después, y cuando ya casi nadie recordaba de dónde venía el grito, se seguía usando, sobre todo por los que no tenían ni idea de su origen. Y el colofón fue cuando logramos montar una semana de Cine Español con preestrenos, lo que por entonces nos parecía la repanocha. Recuerdo que hicimos uno de “Días contados” y ahí, obvio es decirlo, los berridos de “¡Chinoooooooooooo!”, sobre todo con Ruth Gabriel, no fueron escasos. Lo peor es que luego salieron Candela Peña y Elvira Mínguez a sostener un coloquio con los asistentes. Obvio es decir lo que sufrimos explicándolo, pero ¿quién ha dicho que la vocación del cinéfilo es fácil?

Finalista a falta de título llamémosla “Despistados, picapleitos y encima reincidentes”, por Iñaqui (Porque ante esto… o sea, sí, mejor tomárselo con humor)

Bueno, preferiría que hubiera sido una experiencia lúdico-festiva inesperada en la última fila, pero como más bien soy de los de “por alante y centradito”, no es nada especial. Aunque sólo sea por participar, aquí va….
Una vez, hace varios años, fui al cine con mi hermano, como otras veces, a hacernos un buen programa doble a los Ideal de Madrid (siempre vamos dejando las pelis, y luego nos tenemos que dar panzadas). Llegamos prontito, calculamos que nos dé tiempo para el “transbordo” y nos sacamos nuestras entradas de 1ª y 2ª sesión (es que lo peor del Cine es que suele haber gente, somos así de antisociales). El caso es que nos metemos a la sala casi vacía, se apagan las luces… y empieza otra película. Salimos rápidamente indignados a hablar con el encargado de pasillo a ver qué pasa. Comprueba nuestras entradas y resulta que nos hemos confundido. Así que agachamos las orejas y nos vamos corriendo. Nos sentamos resoplando y aliviados porque todavía no ha empezado (gracias a que sólo hay un proyeccionista para todas las salas). Pasan unos minutos, y me da el punto de asegurarme de que la sala es la correcta. Salgo a la puerta, miro y… nos habíamos vuelto a confundir con las prisas.
Otra vez echando leches, nos metemos en la sala correcta con una sensación de ridículo y vergüenza tremenda, aunque por supuesto nadie de los que estaban ya dentro podía saber nada de nuestra odisea. En fin, que para ganarnos a despistados alguien tendría que ver la película sentado encima de otro señor sin darse cuenta.

Finalista a falta de título llamémosla “¿Qué hace una chica como tú en un sitio como éste?”, por Susana fuera de concurso (Por darle un nuevo sentido al título “El almuerzo desnudo”)

Hubo una época de mi vida en que pasaba mucho tiempo en el microcentro porteño… y por lo tanto aprovechaba para ir al cine por allí. Era una época con menos salas de las que hay ahora y muchas estaban por esa zona. En la calle Lavalle (los que conozcan Buenos Aires, la ubicarán con facilidad) había algunos complejos interesantes, pero también había muchas salas de esas que sólo proyectan películas condicionadas.
Y esto ocurrió una tarde en la que daban “Naked Lunch” o “Festín desnudo”. Yo estaba tan feliz con la noticia y, sin más, me metí en un cine convencional a disfrutar de Cronenberg y de Ornette Coleman. ¡Vaya momento! En principio… era la única mujer del lugar. Prolijita, bien vestida… perfumada y con un bolso lleno de apuntes y libros. El resto eran todos hombres que no dejaban de mirarme. Y si bien trataba de no prestarles demasiada atención, no podía dejar de notar sus miradas sobre mí.
No fue hasta que comenzó la película y los hombres se fueron levantando uno por uno… maldiciendo por la pobre calidad de la película “porno” que habían ido a ver… que comprendí todo lo que había ocurrido. Una rara experiencia, por cierto.

Finalista a falta de título llamémosla “¡En esta familia falta comunicación!”, por Susana fuera de concurso (Por ser taaaaan comprensiva con los desajustes mentales ajenos)

Suelo ir sola al cine con mucha frecuencia, sobre todo cuando estoy en mi “semana de sobredosis fílmica” y no puedo esperar a que alguien me acompañe. Y esto ocurrió un domingo por la tarde, viendo “Historias de familia” (”The Squid and the Whale”). Debo confesar que nunca tengo demasiada suerte con la gente que va a ver las mismas películas que yo y por lo general termino peleándome con todo el mundo porque no paran de hablar durante la proyección. Pero lo que nunca me imaginé es que a mi lado se sentaría una chica en cuya mochila había una dotación de golosinas envueltas en papel celofán y por lo tanto… ultra ruidosas a la hora de abrirlas.
Ni bien apagaron las luces… ella empezó desenvolver sus alfajores, rosquillas, galletas y demás sin ningún tipo de complejo. Y las iba abriendo con total lentitud lo que hacia el proceso fuera aún más molesto. Yo trataba de focalizar en la pantalla pero la verdad es que se me hacía completamente imposible. Sin embargo… y para mi asombro, eso no sería lo peor… La chica en cuestión se puso a hablar con los personajes. En especial con Bernard Berkman (Jeff Daniels), con quien, al parecer, no estaba nada de acuerdo o tenía una cuestión personal. Le gritaba: “¿Pero no escuchaste que Frank no quiere ir? ¿Estás sordo? Si tu hijo dice que no, es no”. La verdad es que finalmente no pude decirle nada. Me aguanté toda la proyección de esa forma. ¿Qué le iba a decir? Como sea y a pesar de mi “amiga”, la película resultó una maravilla.

Finalista a falta de título llamémosla “Tú serás la Jenny, pero yo soy la Juani”, por Lucinda (Por su aire azote-justiciero, neng)

Situación: viendo por primera o segunda vez “Moulin Rouge” en el cine con dos amigas del instituto de entonces, un poco paraditas y amilanadas. Al otro lado, se nos sientan cinco menores de edad (tan menores que no tendrían ni once años), pero con pintas chunguillas, a saber, de barrio bajo no, bajísimo. Empiezan a hacer ruiditos, reírse, chillar, ay la jenny, etc. Cuando los protas se besan, ellas “uuuuhhh”. Todo el mundo en el cine callado como putas. Mis amigas, calladas también. Yo quería disfrutar de la película así que, a la tercera interrupción, me giro y digo, susurrando cual sargento psicópata (hoy me da vergüenza recordarlo y creo que me poseyó Zuul o algo así e ese momento) a la que tenía más cerca: “Mira, niñata de mierda, me da igual que tengas a tu primo er christian o er jonatan esperándome afuera, o te callas de una puta vez o juro que salís todas, tú, y la de más allá, sin piernas de esta sala, ¿me entiendes?”. Quedó muy peliculero. Se callaron durante la siguiente media hora, pero vencido el momento, continuaron. Entonces hice ya el colmo de la gilipollez (y qué poco me pega eso ahora, la virgen). Me puse en pie. Un montón de gente de las filas de delante y atrás mirándome, como si fuera su única esperanza. Y entonces alcé la voz y dije: “¡QUERÉIS SALIR YA TODAS DE LA PUTA SALA DE UNA VEZ O QUE!?”. Hubo aplausos y todo. Y al salir, se fueron por patas.

Finalista a falta de título llamémosla “Mira, mami, ese señor tiene un pezqueñín entre las piernas”, por Lucinda (Por creer que voy a escandalizarme por esto)

Esta es más reciente y sucia. Estábamos mi novio y yo en la época muack muack (el primer año) viendo “Buscando a Nemo” en el cine. La sala, como te puedes imaginar, llena de niños, familia, todos en amor y compañía. Nos acomodamos y durante los trailers decidimos ponernos un poco cerdacos (no te escandalices). Así que disimuladamente me puse el abrigo por encima de las piernas, y dejé que me metiera mano. El problema llegó cuando una familia surgió de la nada para ocupar los asientos que estaban inmediatamente después de mi novio. Como la gente se pone nerviosa en esos momentos, no me dio tiempo, ni a él, a quitarle la mano, ni a mí subirme cremalleras ni leches, el niño pequeño me empujó y se cayó el abrigo al suelo cuando intentábamos levantarnos para dejarles pasar. Los de alante se giraron al caerles el abrigo y unas ocho personas vieron la mano de mi novio apostada en unas horrorosas braguicas dignas de una Bridget Jones de resaca. La muerte.

Finalista a falta de título llamémosla “¡Vaya cenizo!”, por Rob Gordon (Porque siempre hay alguien todavía más despistado… y por su intento de secuestro)

En la primera de ellas, nos situamos en una proyección nocturna de “Las cenizas de Angela”. Una vez acabada la película (que era la más larga de todas las que se proyectaban y la última de todas en acabar), mi compañero y yo nos cercioramos de que no quedara ningún espectador, recogimos cuatro refrescos que quedaban por el suelo y echamos el cierre a las 7 salas que tenían las multisalas en las que currábamos para irnos de fiesta ya que era sábado.
A eso de las 6 de la mañana, un hombre alarmó a los guardias de seguridad que trabajaban en el centro comercial en el que estaban los cines. Al parecer el tipo se durmió viendo “Las cenizas de Angela”, según lo que confesó, y cuando despertó no veía nada, todo estaba completamente oscuro y por lo visto se pasó un buen rato chillando histéricamente sin parar ya que no encontraba salida alguna.
El caso es que ni mi compañero ni yo nos dimos cuenta de que quedaba alguien en el cine, y ese hombre se pasó un buen rato chillando desesperado por los pasillos de emergencia hasta el punto de hacer saltar la alarma de una de las puertas, que hizo aparacer a los seguratas que lo detuvieron, creyendo que era un ladrón. Por supuesto, nosotros al día siguiente nos descojonamos cuando nuestro jefe nos lo contó, no sin antes llevarnos una pequeña bronca… menos mal que al tío no le dio por denunciar ni nada por el estilo, solo queria irse a casa y que no lo detuvieran, jeje.

Finalista a falta de título llamémosla “La primera en la frente”, por Cineahora (Por sacrificar su integridad física tomando el liderazgo: “Follow the leader, leader”)

Fue hace más de diez años. Con unos amigos entré en una multisala. Las luces estaban a medias. Yo me puse en cabeza de grupo y fui avanzando. Mi intención era pasar por una fila y llegar, con elegancia, hasta el otro extremo. Pero no fue posible. De repente, algo se dio de bruces contra mi nariz. Me impedía avanzar. Alcé la vista atónito, y logré visualizar lo que parecía una pared. ¡No había otro pasillo lateral!. Tampoco hubo heridas, sólo la de mi orgullo.

33 Comentarios
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Geniales todas. Gracias Marnie por brindarnos este gran momento anecdótico peliculero. Y enhorabuena a Rob, un cinéfilo de pro.

Marnie, supongo que tendrás que doblegarte a una nueva entrega. Espero que sí.

Saludos

Marnie y su mascota

Ui, ahora me he dado cuenta de que precisamente en la suya había escrito “siesta de pijama y original”, en lugar de “siesta de pijama y orinal” XD Sirva el lapsus para dar fe de la originalidad de la anécdota :D Y espero que le haya gustado la foto de “La bella durmiente” para ilustrarla ;D

Gracias a ustedes, Strangelove ;)

Conclusión 1: el juego que dan los vejetes en un cine.

Conclusión 2: cualquier película es buena en caso de calentón.

Conclusión 3: lo de los dinosaurios, de crack. ¡¡Enhorabuena, Rob!!

¡Genial! ¡Gracias a todos por estas risas y mis felicitaciones al ganador!

Nivelón. Enhorabuena a todos.
Creo que adoptaré en mi lexico las expresiones “Chinooooo” y “Que vienen los dinosaurios”

Escribo recien llegado de una radio local de retransmitir en directo la noche de los Oscars…son las 7:15 y decepcionado por ese Oscar a Gustavo Santaolalla en todas las narices de Morriconne entre otras cosas, me encuentro con que Marnie ha elegido ganador y ese soy yo!!!

Que alegria, que ilusión, que vienen los dinosaurios!!! Mítico, mitiquisimo!

Mil gracias! Me marcho a dormir un rato, que mañana tengo el día libre!

Es como si me hubiesen dado un Oscar a mi!

Lo del muerto en la sala es muy fuerte, pero lo de los dinosaurios es apoteósico.
Me estoy imagindo a Fernando Arrabal: “el dinosaurismo va a llegaaaaaaar…”

iñaqui: Me estoy imagindo a Fernando Arrabal: “el dinosaurismo va a llegaaaaaaar…”

JAJAJAJA! Tremenda imagen!… Aish, qué panzá de reír XD

robgordon: Enhorabuena de nuevo! Y, oiga, si vuelve a ver al pobre hombre de los dinosaurios, hágale saber al menos que ganó un concurso gracias a él… Aunque, pensándolo mejor, casi mejor no se lo diga, que la vuelve a liar… y no sin razón.
Espero que haya ido bien por la radio. Seguro que te lo has pasado pipa con el tema :D

crunch: Lo de “Chinooooo” es digno de pasar al imaginario colectivo XD

Martina: Bienvenida por aquí! :)

Plissken: Y si se juntan los vejetes con el calentón y los dinosaurios, ya sale la anécdota apoteósica total XD

Saludos y GRACIAS de nuevo a tod@s!

Por cierto, robgordon, ahora mismo le envío un mail para ponernos de acuerdo con el tema premio.

Enhorabuena a los premiados
Me ha animado la mañana de mierda en el trabajo
Todavía me quedan 3 horas y 42′
No aguanto más

¡Me he echado unas buenas risas con algunas de las anécdotas! Y felicitar a RobGordon, y además, por presenciar un espectáculo digno de 3-D con lo de los dinosaurios de Spielberg (¡Eso sí que son efectos visuales y de sonido!).
El domingo, en la sesión de las 22:10 h. de la noche, antes de la entrega de los oscar, fui a unas multisalas para ver “Cartas desde Iwo Jima”. Más de dos horas y en versión original subtitulada. Me temía lo peor. Que ocurriera alguna molesta anécdota nueva que contar, pero no! Transcurrió plácidamente.
Eso sí, en la taquilla, un cartel advertía que “sólo” se proyectaba en v.o.s.e, y al comprar la entrada, la vendedora también te avisaba amablemente (y lo cierto es que hacen bien. Más de un despistado podría quemar la sala si viera que los personajes hablan raro).

Un abrazo, y gracias a ti por el concurso!
(P.D.: ¡Viva Del Toro y “La vida de los otros”!!!)

Pues muy buena selección. Esta vez me he quedado fuera pero en tu proximo concurso espero alzarme con el premio. Yo tengo una ánecdota parecida a la de nemo pero más berraca. Saludos

Marnie y su mascota

Parece que algunas personas no lo entienden, así que aclaro, por si hacía falta, que esto no es un patio de recreo, ni mucho menos un corrillo de verduleras. Y desde luego no es un espacio para que, de repente, alguien se ponga a difamar gratuitamente sobre nadie. Si los comentarios no tienen nada que ver con el post y encima son de gente que viene a buscar pelea ellos sabrán por qué motivos, mejor que intenten provocar a una pared, porque, tal y como se advierte más arriba, serán eliminados.

¡¡AAAAAAAAAAAAAIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII!!!
Se me pasó, no tengo excusa :( Jo, pues ahora que ha acabado el concurso me estoy acordando de unas muy buenas… ¡seré tonto!

PD: Perdón por no comentarla en estos últimos, sita Carapapel, digo, Marnie (es broma, es que estoy como un cencerro :P ). Bueno, que encima de no participar y no comentar lo que faltaba es que la vacilara… :D SORRYYYYYYYYYYYY!!!!!!!!

Uooo! ¡Estoy entre las finalistas! ¡Jarl!

La de La Juani da una visión distorsionada de mí, en realidad, los años me han dado un poso más tranquilo… ahora directamente saco la navaja suiza y ya no hay problemas.

La anécdota de los dinosaurios es portentosa.

Voy a leerme todas con tranquilidad ahora mismo.

¡Gracias Marnie y felicidades al ganador y a los demás finalistas!

Si el texto va por quien creo que va, Marnie, con todos los respetos, creo que te equivocas…

Marnie y su mascota

Plissken, el aviso hacía referencia a un comentario que acabo de borrar. No hace falta que nadie más se dé por aludido sin motivo alguno ;)

Gracias y saludos a todos de nuevo!

Cinematic XDDDD

Lucinda XD Bueno, espero que no te sentara mal lo de la Juani, es que me iba a huevo con lo de las jennys y es la primera foto que se me ocurrió poner para ilustrarlo XD

sir austin: El tema es que el próximo concurso no irá sobre anécdotas XD

Cineahora: Ui, sí, yo más de una vez he escuchado en la sala eso de “Joer, ¡no me digas que ésta es de las de leer!” XD

Libertino: Las risas siempre vienen bien :D

Lo dicho, gracias a tod@s!

Jo, la de Rob es imbatible. ¡Que la hagan película ya! (y así habremos cerrado el círculo).

Genial concurso, sí señor. Me lo he pasado muy bien leyendo las anécdotas.

Un beso!

Enhorabuena a Rob y a Marnie por la selección!! Jeje, lo de los dinosaurios es genial. Y además, al leerlo parece tan real… Se palpa, se palpa…

Saludos!!

:D Que buenas las anécdotas!! menos mal que no participé, porque las mías eran más sosas y seguro que no las contaba así de bien. Enhorabuena a Rob, el ganador!
Las de Lucinda me han gustado especialmente, Juas!! :P (Yo una vez mandé callar a un par de críos petardos a voz en grito, fliparon claro, pero se quedaron bien calladitos me pasó en el Planetario de Coruña. Me amparaba la oscuridad que sino me muero de vergüenza)
Ayss y la del sueñecito que se echó el Dr Strangelove, que risa

Rosenrod: La de Rob huele a película, sí señor. Eso sí, en la película tendría que haber momento “Chinoooooooo” destacado, que nos ha calado muy hondo XD

Daniel Quinn: Bueno, en realidad enhorabuena a todos los participantes, sin los cuales sí que no hubiese sido posible :)

Cinéfila: Hombre, el Planetario no es exactamente cine, pero como sucedáneo hubiese servido perfectamente, oyes :D

Saludos y gracias!

Tendría que haber mandado una de las mías, pero entre la vagancia y el alzheimer… La casa sin barrer y la anécdota sin mandar. Puedo promerter y prometo que jamás volveré a pasar hambre.

Marnie y su mascota

Pues sí, podría. Además a usted gracia no le falta… pero lo de la vagancia a la hora de escribir, pa qué vamos a engañarnos, también es verdad XD

La barra sin casar, que decía uno que yo me sé.

Doña Marnie, cierto es que la anécdota del planetario no ocurrió en un cine pero me gustaría contarle (me encanta tratarla de usted) que yo soy de esas espectadoras eternamente incomodadas, que al mínimo suspiro de un butaquero cercano protesta con un sonoro SSSHHHHH :P

Al final no mandé nada por perezosa… aixxx, siempre igual vv’
Felicidades al ganador y también a los demás, creo que hablo por todos si digo que nos habéis hecho pasar un rato muy entretenido :D

Marnie y su mascota

Cinéfila jaja No te creas, que en eso no somos muy diferentes :D Y es que lo peor de ir al cine es que también va otra gente :P

Nüx: Pues sí, en eso vamos a estar de acuerdo :D

Pero que joputas los acomodadores de la sesión del Dr. Strangelove! XD Y los de que fueron esperando una porno XDDD Eso sí, felicidades a Rob, la suya es la más mejor :)

freddy, siento que la suya fuera de las que al final no salieron. Por no alargarlo más todavía, no la seleccioné entre las finalistas, pero, como ya le dije, aunque la anécdota no era nada espectacular en sí, tenía gracia contada :D

Ah, y por supuesto, gracias de nuevo por participar :D

Me estoy acordando de demasiadas cosas

1. Cuando entró un tío disfrazado de Scream, en la secuela de la primera. Era el taquillero

2. Esa leyenda urbana sobre el hombre que al parecer se masturba en la filmoteca. Un amigo me dijo literalmetne “es que la gente que va allí es tan educada que no le dicen nada”

“Cuando entró un tío disfrazado de Scream, en la secuela de la primera. Era el taquillero”

Jajajaja!!!! A mí también me pasó, en los cines Conde Duque de Madrid. No sé si era el taquillero, pero dió un buen susto a un grupo de anormalescentes que había detrás de mí. A finales de los 80, cuando se estrenó la cuarta parte de Pesadilla en Elm Street, hicieron una maratón de la saga en el cine Proyecciones, a partir de las doce de la noche. Fui de tripi con un colega. Había un tío disfrazao de Freddy “asustando” a la peña. Y una panda de melenudos con tarteras y litronas. ¿Por qué ya no se hacen cosas así? Cualquier tiempo pasado fue mejor.

Jo, cuantas cosas os pasan…me he reido mucho, si es que, a veces, la realidad supera a la ficción.

si ni he tenido tiempo para comentar nada últimamtente… imagínese usted para escribir anécdotas… la ganadora, sin duda… totalmente merecida… gracias por el buen rato!!!


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