Bueno, chiquiprecios, tras una largo proceso de deliberación conmigo misma que me ha llevado cinco minutos más o menos, ya tenemos la anécdota ganadora del Tercer Concurso Literotronero, así como unas cuantas finalistas que por distintas razones también hubieran tenido opciones. A decir verdad, se podría considerar que hay más de una y de dos vencedoras morales, pero, a efectos prácticos, la cuestión es que sólo una podía llevarse el premio. A las puertas de los Oscars, ¿qué les voy a contar?
Antes que nada, tengo que daros las gracias de forma especial a todos lo que habéis participado, incluso en algunos casos fuera de concurso, sobre todo porque la respuesta final ha sumado un porcentaje realmente bajo comparándolo con el que podría haber sido. Y esta vez no había excusas posibles por no sabérsela o haber llegado tarde. Eso sí, el nivel de la competición ha sido alto, lo que ha convertido la elección en algo no sólo muy divertido, sino también en algo bastante reñido, más allá de lo complicado que resulta intentar valorar objetivamente, desde la inevitable subjetividad, cuál es la mejor anécdota cuando entran tantos factores en juego. Y es que había historias muy buenas y originales a las que quizás se les podría haber sacado algo más partido a la hora de explicarlas, historias buenas bien contadas y, en el otro extremo, historias que en sí mismas no eran nada extraordinario pero que tenían mucha gracia y creatividad tal y como estaban narradas. Finalmente, he valorado ambos componentes y, sobre todo, ha pesado bastante el impacto que me causó leerlas. Llámalo impacto, llámalo risa. Ni que decir tiene que me he reído mucho con todas, hasta con las que no han entrado en la clasificación final. Otro dato curioso es que había un buen número de anécdotas que coincidían alrededor de determinados temas: espectadores despistados, que se quedaban dormidos o con una más que discutible salud mental.
Sin más preámbulos, pues, la anécdota ganadora y algunas de las finalistas más finalistas. Enhorabuena al vencedor y al resto de concursantes, y gracias también a las que no han llegado a entrar en esta última selección, que no son pocas, por cuestiones de espacio, puesto que, aunque no eran malas, sí se veían superadas por otras.
Anécdota ganadora a falta de título llamémosla “Que vienen los dinosaurios”, por Rob Gordon
En un cine he visto de todo… desde gente que mea en la bolsa de golosinas y le hace un nudito y lo deja en la sala, pareciendo aquello una de esas bolsas con agua que te dan cuando compras peces, pero cambiando a los peces por golosinas, hasta un abuelo que se quedó frito (más muerto que Sadam) en una sala… y un acomodador intentado despertarle diciéndole que ya se había acabado la película… pasando por un adulto cuatro ojos, que salió de las sala para avisar, con voz temblorosa y tímida, de que la proyección de “La Amenaza Fantasma” estaba desefoncada, a lo que el proyeccionista, que andaba por allí en aquel preciso momento, respondió “¡¿Y tú cómo coño vas a saber si está enfoncada o no con esas gafas?!”
[…] La otra ocurrió viendo “Parque Jurásico” en uno de los viejos cines del centro de mi ciudad. Mi padre era el proyeccionista y yo vi la peli como tropecientas veces, y en una de ellas se dio un espectáculo inesperado.
La sala de 500 localidades estaba llena, la peli era una sensación y hacía poco que se había estrenado. A mitad de la película, cuando los Tyranosaurios se escapan de sus jaulas y persiguen a Jeff Goldblum, la atención de todos los presentes en aquel pase se desvió hacia el propio patio de butacas, en el que un hombre se puso en pie y empezó a gritar: “¡¡LOS DINOSAURIOS… VIENEN, LOS DINOSAURIOS VIENEN!!”. Dicho sujeto estaba acompañado por mujer e hijos, y al parecer sufría crisis nerviosas y esquizofrenias… El tipo no sólo gritaba, sino que también subía y bajaba repetidamente las escaleras de la sala, mientras el publico miraba el espectáculo y no hacía el menor caso a las imágenes de la peli de Spielberg. El tipo estaba completamente desencajado, incluso rompió la puerta que daba a la cabina de proyección después de golpearse varias veces contra ella (todo esto sin parar de repetir la citada frase). La mujer intentaba pararlo y los hijos lloraban. Hubo un momento en que varios espectadores intentaron placarlo, para detenerlo y que se tranquilizase, pero sólo lo consiguieron tras varios intentos.
La imagen era increíble: de fondo la peli de Spielberg con sus fuertes efectos de sonido, el público de pie, un tipo corriendo y chillando “LOS DINOSAURIOS VIENEN”, una mujer corriendo detras de él, dos niños llorando, una puerta rota y varios hombres intentando hacerle un placaje.
Finalmente consiguieron calmarlo, su mujer contó que tenía problemas de nervios, y no acabaron de ver la película.
A continuación os dejo algunas de las finalistas más finalistas, sin orden de preferencia. [ continuar leyendo… ]