
El director, guionista y diseñador artístico Jiří Trnka, fallecido en Praga en 1969, ha pasado a la Historia del Cine por ser uno de los más prestigiosos animadores de la eminente Escuela Checa. Y ello a pesar de tener uno de esos nombres tan impronunciables que dificultan el recuerdo e, incluso, inspiran chascarrillos de corte chusco-tabernario (No les voy a dar ideas, pero tengo un par de bochornosamente fáciles en mente). Aunque también se dedicó a la ilustración infantil y llegó a trabajar dentro del cartoon tradicional, o sea, los dibujos animados de toda la vida, Trnka fue, sobre todo, un maestro virtuoso de la animación con marionetas, terreno en el que cosechó todo tipo de reconocimientos internacionales y con el que sentó tradición en su país. Proclamado por muchos como el Walt Disney del Este, conviene aclarar que esta etiqueta se refiere más a su relevancia como creador y referente que a su personal estilo. Precisamente, si algo tenía la obra de Trnka era que escapaba de los cánones reinantes en la animación estadounidense y que, a diferencia de ésta, estaba dirigida principalmente al público más adulto debido al compromiso de su discurso, algo muy típico, por otro lado, en esas latitudes y más todavía en aquella época. Traducido: Nada de cosas dulzonas, facilonas, simplistas y frívolas. Pese a contar con una larga trayectoria desde que se inició detrás de las cámaras a mediados de los 40, resulta bastante paradójico que uno de sus títulos más populares y difundidos haya sido la última película que rodó, “Ruka” (”La mano”), dirigida en 1965 y considerada una obra maestra en su campo, supongo que a causa de la fuerte carga de crítica socio-política que escondía.

Algo menos conocido, y no por falta de méritos, es el cortometraje que os traigo hoy, una pequeña joya la mar de curiosa e intrigante que lleva por título “Kybernetická babicka” (”La abuela cibernética”) y que Jiří Trnka realizó en 1962. ¿Por qué resulta tan llamativa? Pues, para empezar, porque se trata de un relato de ciencia-ficción tecno-futurista que, lejos de lo que se pudiera presuponer, tiene como protagonistas a una entrañable abuelita, tipo Doña Rogelia, y a su pequeño y cándido nieto. Pero es que, además, el exuberante imaginario que despliega para ilustrar todo ese sofisticado mundo ultra-tecnificado, fuertemente influenciado por el diseño de los 60, es realmente sorprendente y detallista. Eso sin mencionar la perfección de la técnica o la hipnótica, y en ocasiones perturbadora, atmósfera que logra crear, si bien tampoco faltan ciertas pinceladas de humor en determinados momentos.
La historia, a modo de resumen, comienza cuando la mencionada anciana y el niño, dando un paseo por el campo, aparecen así como de sopetón en una especie de modernísimo aeropuerto en plan lanzadera espacial. Una vez allí, se despiden y el crío sube a una nave individual con forma de huevo transparente. El pintoresco artefacto lo conduce entonces hacia un misterioso lugar donde lo espera una inquietante silla electrónica con unas alas hechas de tapete… Tras este a menudo alucinógeno argumento se pone de manifiesto, en definitiva, una fábula de carácter humanista que apuesta por las relaciones personales y por la Naturaleza frente a la mecánica frialdad, el vacío emocional y, en resumidas cuentas, toda la deshumanización que imponen las tecnologías, y todas esas cosas tan potitas.
Aviso que, aunque esté en versión original, el cortometraje se sigue sin problemas debido a la práctica ausencia de diálogos, que se concentran en su mayoría hacia el final del metraje. Y cuando éstos hacen aparición, quedan perfectamente suplidos por la expresividad de las imágenes. Disfrútenlo.
Ver “Kybernetická babicka” (”La abuela cibernética”) de Jiří Trnkade