
Matrimonios pactados entre famosos, romances que florecen durante la filmación de una película para extinguirse tan pronto como se termina su promoción, rumores sobre escenas comprometidas o leyendas acerca del rodaje dirigidas a captar el interés del espectador, pequeños escándalos que coinciden con la fecha de un estreno, viral vídeos… Podría parecer que el uso de todo tipo de trucos y engaños para publicitar una película o lanzar a la fama a una estrella es un fenómeno relativamente reciente. Sin embargo, lo cierto es que ya en el nacimiento del cine como industria del espectáculo, los estudios no mostraban excesivos escrúpulos a la hora de maquillar o reinventar por completo las biografías de sus actores hasta extremos delirantes con el fin de ofrecer aquella imagen que más les convenía de ellos, llegando incluso a dotarlos de poderes especiales, fingir su muerte, resucitarlos por arte de magia (y no precisamente la del cine) o emprender cómicas huidas de la ley a su lado. Y aún añadiría más. En contraste con la inocencia que se le presume al cine en sus orígenes, hasta me atrevería a decir que los productores de hoy en día son unos benditos ingenuos y mojigatos en comparación con sus mucho más retorcidos abuelos. O quizás todo se reduce a que el público actual está más prevenido contra las mentiras. O eso o es que nos las cuelan mucho mejor.
A continuación, he rescatado cuatro ejemplos, no sé si significativos, pero desde luego llamativos, que tuvieron lugar durante la etapa muda y que, de paso, darían pie a la aparición de la que sería la primera estrella, el primer símbolo erótico creado artificialmente y el primer héroe de acción. ¿Quién dijo que el cine en blanco y negro y sin sonido era aburrido? ¡Aquí hay tomate! [ continuar leyendo… ]



























